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  1. «O polbo e a súa cociña»

    lunes, 7 de abril de 2014

    ¡Hola de nuevo!
    En todo este tiempo de silencio en este blog, hemos recibido numerosas muestras de cariño e impaciencia que nos instaban a retomar con presura las publicaciones regulares. Nosotros os respondíamos pidiendo tranquilidad, pues nuestra falta de actividad no se debía a la falta de temas que tratar (¡más bien al contrario!), sino que derivaba de la acumulación de trabajo y la consecuente falta de tiempo. Sí es verdad que pudimos haber retomado la actividad algo antes, pero queríamos esperar para poder ofreceros noticias realmente frescas y sabrosas, ¡de esas que tanto nos gustan!
    Es realmente un orgullo poder presentaros el nuevo libro de la cabeza pensante y visible de este blog, Matilde Felpeto Lagoa, «O polbo e a súa cociña» (Ed. Xerais).



    En él recorre apasionadamente la historia y la leyenda del pulpo, vertiendo algo de luz sobre las oscuras profundidades donde habita este curioso e inteligente cefalópodo, puesto que no sólo de sabrosas recetas se constituye este libro, sino que también podemos encontrar en él detalladas muchas de sus peculiaridades científicas, nutricionales e incluso de tradición (con interesantísimos apuntes, por cierto, sobre muchos mitos acerca del pulpo).
    El pulpo es un referente gastronómico en Galicia, tanto en ferias, fiestas y restaurantes, como en nuestras propias casas. Y este apetecible y jugoso libro ofrece respuestas tanto en el terreno mitológico como en el terrenal, en nuestro imaginario como en nuestra gastronomía; y sitúa al pulpo (como acertadamente apunta Miguel Vigo en la ilustración de portada) en el trono de las profundidades y en el de nuestras cocinas. 


  2. Ribeira Sacra

    lunes, 1 de julio de 2013

    « ¡Hola!
                Voy a contarte  las impresiones y sensaciones que experimenté en mi último viaje gastronómico. Más adelante intentaré repetir una receta. Veremos si soy capaz de lograr que se parezca a la que quiero hacer. De momento he tomado notas concedidas por la autora.
                Viajamos a la Ribeira Sacra acompañando a Pili y Tino en su peregrinación anual para abastecer su bodega. En esta ocasión, Pepe, nuestro agente cultural, dijo que teníamos que conformarnos con el paisaje, porque los mosteiros, iglesias románicas, miradores, encoros... los teníamos ya muy sabidos. Así que nos llevó  a la casa rural "Rectoral de Castillón" en Ferreira de Pantón para que nos relajásemos y descansásemos en su extenso y apacible espacio en plena naturaleza, rodeados de amplias murallas y frondosa vegetación que invita a la contemplación y meditación, actividades que hay que practicar de vez en cuando, simplemente por higiene mental. Solo hicimos una escapada el miércoles por la mañana a Escairón porque era día de feria y había que tomar pulpo. Eso sí, estaba permitido.  
                Quedamos en Sober para reunirnos y reponer fuerzas. De allí emprendimos viaje hacia Doade por una carretera en la que se alternan los cultivos de huerta y árboles frutales, los más vistosos, los cerezos con la fruta madura, manzanos, nogales, castaños... con llamativas xestas o retamas floridas de un exuberante amarillo adornando el paisaje.
                Llegamos a la casa de Nieves y Domingos, propietarios de Bodegas Cichón. La comida ya estaba preparada; el menú el mismo de otras ocasiones: empanada de congrio,  cordero asado en el horno  y postres variados. Todo estaba buenísimo. La empanada, impresionante. Como otras veces, Nieves me explicó cómo hacerla. Te prometo que esta vez la hago. El cordero, delicioso. Como yo tengo fama de que no me gusta, Nieves me había preparado gallo asado. Estaba bueno, pero si te digo la verdad, prefiero los huevos fritos con chorizo de anteriores ocasiones, porque, como aquellos, solo se pueden tomar allí.
                El vino, Amandi, parece que este año tiene menos graduación que el de  anteriores cosechas, está muy sabroso. Utilizan para elaborarlo, un 95% de uva mencía y el 5% restante es garnacha y grao negro. 
                El resto de las comidas las hicimos en la casa rural. De ellas destaco el jarrete al mencía y los postres de elaboración propia, muy buenos.
                Lo demás, ya te decía: descanso, lectura, paseo por la huerta de la rectoral, partidas de cartas y, de vez en cuando, para animar la fiesta, la música de la gaita de Carlos acompañada de unas voces y bailes poco ensayados, ¡hay que mejorarlo!

    Besos »


  3. Tarta Pavlova... ¡y melindres!

    lunes, 3 de junio de 2013

    «¡ Hola !
    Estamos en época de fresas, hay que aprovechar su delicioso aroma y sabor y disfrutar de ellas. Las que hay en el mercado vienen la mayoría de Huelva y suelen ser buenas. Para elegirlas nos fijaremos en su aspecto que debe ser rojo brillante y aunque estén cubiertas por celofán como tiene agujeros para su ventilación, percibiremos su aroma inconfundible. Si no tienen aroma, no son buenas. Las nuestras, las gallegas tardan un poco más en madurar pero tenemos la ventaja de que todavía las disfrutaremos en el mes de agosto.
    Neca me enseñó a hacer una tarta muy rica que a ella le gusta hacer  por estas fechas. Ya la hice varias veces con resultado muy aceptable, alabado por los comensales. No solo por su sabor fresco y delicioso sino que su aspecto invita a saborearla y a segregar jugos gástricos.
    Es la tarta PAVLOVA. La tradición dice que la elaboró un repostero australiano en honor de la bailarina rusa, Anna Pavlova, en los años 20 del pasado siglo. Su sabor suave y refrescante, su consistencia frágil y ligera tratan de emular los movimientos de la famosa diva.
    Se necesitan: 6 claras de huevo, 300 g de azúcar, 2 cucharadas de cacao, 1 cucharada de vinagre de vino blanco. Estos ingredientes para la base, que es mejor preparar el día antes o con bastante antelación para que esté bien fría. Montamos las claras con el azúcar, agregamos el cacao y el vinagre. En un molde bajo de unos 25 cm de diámetro colocamos un papel de horno y sobre él volcamos el merengue, procurando que los bordes queden más altos que el centro para que en el hueco pueda acoger la nata y las fresas. Lo introducimos en el horno caliente a 150º C durante 1 hora y 15 minutos. Seguimos necesitando: 1/2 l de nata para montar, 2 cucharadas de azúcar molido, 1/2 k de fresas, 2 cucharadas de mermelada de fresas o de frutos rojos. Montamos la nata con el azúcar, la extendemos encima de la base que ya hemos retirado del molde y colocado sobre una bandeja. Encima de la nata distribuimos la mermelada y las fresas cuarteadas, y encima de todo unas virutas de chocolate. Te envío foto para que veas el resultado.



    ¿Qué hacemos con las yemas? 
    Sabrosísimos melindres
    Necesitamos: 6 yemas de huevo, 50 g de azúcar, 50 g de mantequilla, 1 copita de anís dulce, la harina que admita (unos 200 g más o menos). Mezclamos las yemas con el azúcar, el anís y la mantequilla. Poco a poco vamos incorporando harina tamizada hasta que veamos que ya podemos manipular la masa sin que se pegue a los dedos, para hacer las rosquillas. Formamos las rosquillas, las introducimos en el horno caliente a 200º C, durante 12 minutos o un poco más, si nos gustan más dorados. Los sacamos del horno y, en caliente, los pasaremos por una glasa que hacemos con una clara de huevo a punto de nieve con 3 cucharadas de azúcar molido. Verás que ricos.
    Besos»

  4. «Hace algún tiempo que interrumpimos nuestra comunicación culinaria. Antes de reiniciarla me gustaría contarte cómo se hace un plato típico de Semana Santa que ahora ya no se cocina.
    En Galicia era habitual comer durante la cuaresma un plato que se denomina "potaje de vigilia", cuyos ingredientes fundamentales son la calabaza y las castañas secas o pilongas. Además pueden acompañarle otros ingredientes como habas y macarrones. Desde el día anterior hay que poner a remojo las habas y las castañas. A la hora de cocinar el plato, ponemos a cocer las habas en agua fría. Cuando casi están cocidas se echan las castañas y la pasta. Un poco más tarde la calabaza troceada. Al final, antes de servir, se doran unos ajos con aceite y se agrega al potaje.
    El bacalao es un pescado que se come mucho en Galicia. En muchos lugares es habitual en la cena de Nochebuena   acompañado de coliflor. Bien, pues ahora vamos a cocerlo con brécol que en esta época es bastante abundante. Verás que rico queda. Primero ponemos a cocer el brécol, a los 10 minutos incorporamos el bacalao desalado. Esperamos a que hierva y dejamos cocer 5 minutos a fuego lento. Escurrimos el agua. Preparamos una ajada sin pimentón para verter por encima del bacalao y del brécol.



    El domingo de pascua los padrinos regalan a sus ahijados roscas o bollas de pascua con huevos. En el norte de Galicia se llaman monas como en Cataluña. Allí se llevan a bendecir a la misa ese domingo, envueltas en pequeños manteles y luego se comen.»

  5. Viaje al Caribe

    miércoles, 10 de abril de 2013


    ¡Ya estamos de vuelta! Después de un viaje de 17 días por un lugar en el que Cristóbal Colón situó el Paraíso. Vivimos 5 días intensos en La Habana (un libro para contar). Desde aquí, en avión nos trasladamos a Santiago de Cuba. Estuvimos allí 3 días bien aprovechados : el parque Céspedes, encuadrado entre el coqueto hotel Casagranda, la catedral, la casa donde vivió Diego Velázquez (la más antigua de Cuba); el Moncada; la tumba de Martí; Morro; Casa de la Trova... En un coche alquilado emprendimos viaje hasta Pinar del Río, pernoctando en Camagüey, Trinidad, Cienfuegos, Santa Clara, La Habana y Viñales. Para regresar nuevamente al aeropuerto Martí pasando por Artemisa, Güira y Batabanó.

    Recorrimos la isla de un extremo al otro, desde oriente a occidente. Sentimos el olor del mar, del cacao, del café, de la fruta madura.  Admiramos los diferentes paisajes: el extenso y fértil llano, las largas playas de mar azul y arena blanca, las montañas con frondosa vegetación y una gama de verdes interminable, la belleza e historia en las ciudades coloniales. Quedaron unos cuantos lugares: Baracoa, Matanzas, Guardalavaca...  Claro que todo no se puede ver, necesitaríamos más tiempo.  
    Me resulta imposible narrar aquí todas las sensaciones y emociones vividas, así que voy a sintetizar  haciendo una visión general y detallando algo más en el tramo Santiago- Camagüey, que por ser el primero que realizamos solos por carretera, resultó el más sorprendente y emocionante.
    Obviamente, lo mismo que en otros países de América Latina, agravado aquí por las circunstancias de su Revolución y situación política, en algunos aspectos materiales, tenemos que retrotraernos 40 o 50 años para comprender la realidad cubana, pero eso no ocurre en el plano espiritual o intelectual en el que nos llevan  ventaja. 
    Cuba  es color, es sabor, olor, es alegría, y, sobre todo, es música. Todas estas sensaciones te las encuentras en cualquier lugar, no tienes que buscarlas, solo necesitas estar con los sentidos alerta, preparados para captarlas. 
    La cocina cubana es poco variada y con bastante uniformidad de un extremo al otro de la isla. Se puede resumir como una mezcla, resultado de la unión de la indígena o criolla, la española y la africana. Se nota poco la influencia de otras culturas. La cocina italiana está presente en sus pizzerías como en todo el mundo, pero  no se mezcla con la tradicional cubana. Durante el viaje, procuramos hacer casi todas las comidas en restaurantes o paladares de cocina tradicional. Un plato, ajiaco, (lo tomé buenísimo en el restaurante El Barracón del hotel Habana Libre), puede decirse que excepto pescado, lleva todos los ingredientes que poseen: carnes de todo tipo, incluso tasajo, carne seca de vaca; todos los vegetales: maíz, malanga, boniato, yuca, pimientos, tomates, limón, plátano, cebolla... aderezado con ají, ajo, pimienta, comino y orégano. Es su plato nacional.
    El servicio se hace todo a la vez. Los alimentos se ponen  en fuentes o bandejas que se colocan en el centro de la mesa. El postre y el café se sirven individualmente al final de las comidas. El plato principal, carne o pescado (cerdo, pollo, vaca, langosta, camarones o cualquier tipo de pescado). Ya cortado y preparado para comer, en un recipiente en el centro, rodeado de varias bandejas que contienen: ensalada de frutas de temporada; plátano frito, en láminas finas (chicharritas), o gruesas (tostones); arroz (blanco, congrí o moros y cristianos); y lo que llaman viandas: tomate, lechuga, col blanca y verde cruda, cortada en juliana muy fina, que cada comensal tiene que aliñar a su gusto; malanga, yuca, calabaza, patata, fritas o cocidas y a veces, también pequeñas croquetas redondas de carne o pescado. Siempre ponen muchísima cantidad de todo, para personas como nosotros, resultaba imposible comer al menos la mitad de lo que servían.




    Salimos temprano de Santiago. Omar, un taxista muy amable, nos indicó la mejor ruta para llegar a Camagüey, además de darnos una serie de advertencias como que en algunos lugares  la carretera no estaba en buen estado, que encontraríamos muchos ciclistas y tendríamos que hacer sonar el claxon continuamente, que también encontraríamos tractores y carros de caballos, que el tren pasaba por casi todas las localidades y en algunas no había barreras, que no condujésemos de noche porque salían animales de las cercas a la carretera... en fin, una serie de consejos de gran utilidad. Finalmente encontramos las carreteras en mejor estado de lo que esperábamos.
    Al comenzar el trayecto, unos 18 km de autopista en buen estado, bordeando las estribaciones de Sierra Maestra. Las huellas del último temporal todavía se dejaban ver en bastantes árboles caídos, sobre todo aguacates y pinos. Las palmas reales y los cocoteros parecen  más resistentes. En esta zona hay plantaciones de café y árboles de cacao. Desde Bayamo a Las Tunas, por la carretera central vemos un paisaje diferente, una llanura muy fértil bañada por caudalosos ríos, grandes extensiones de caña de azúcar, platanales, cocoteros, mangos y de vez en cuando extensas fincas cercadas en las que pacen vacas, cabras y también cerdos. Desde Las Tunas hasta Camagüey se repite un poco el paisaje y los cultivos, aunque parece una zona más cuidada, incluso la carretera está arreglada y señalizada. Pasamos por lugares con nombres tan bonitos y sugerentes como Sibanicú o Siboney. 





    No te hablé del colorido de las plantas y árboles ornamentales que se encuentran a lo largo de la carretera y en todas partes. En estas fechas estaba en flor un tipo de flamboyán con una flor grande de color rojo intenso y los ibiscus y las bugambillas de todos los colores. En todo el trayecto se encuentran pequeños quioscos de madera en los que ofrecen fruta fresca de la zona: cocos, plátanos, piñas, toronjas, guayabas... Se nota la ausencia de las vallas publicitarias que invaden nuestra sociedad, a cambio de grandes murales con lemas revolucionarios sobre todo a la entrada y salida de las poblaciones. He visto una tierra fértil y rica. Me imagino que podrán salir adelante, tienen la ventaja de no estar hipotecados con nadie.  
    Un poco antes de las 5 llegamos al hotel Horizontes Camagüey. Después de ducharnos y cambiarnos de ropa, un taxi nos llevó al centro de la ciudad, a la plaza Agramonte, flanqueada por una iglesia y por bonitas y coloridas casas coloniales. Visitamos la casa de Nicolás Guillén y la de Gertrudis Gómez de Avellaneda. Tomamos una cerveza en un pintoresco bar de la plaza y nos fuimos a cenar en un restaurante que nos recomendaron, El Coloso, en la Calle José Martí. Cenamos muy bien, langosta y carne de cerdo asado, con todos los acompañamientos que te indiqué antes. De postre helado y crema de arroz con leche. Acompañado de  vino chileno y café y trago para finalizar. Fue una de las comidas con más calidad y mejor precio entre todas las que hicimos.




    Después de cenar y charlar un poco con el maitre, seguimos sus indicaciones, continuamos por la calle hermanos Agüero y las cinco esquinas hasta llegar a la Plaza del Carmen, en donde vimos las estatuas de bronce de la escultora cubana Marta Jiménez, que reproducen a habitantes del lugar en actitudes cotidianas, sentadas charlando o paseando delante de la fachada de la iglesia del Carmen. En el paseo por la ciudad admiramos las enormes puertas y ventanas de madera talladas y las rejas tejidas como fino encaje que protegen las ventanas. Para finalizar, regresamos a la plaza Agramonte y en la casa de la música pudimos disfrutar del ritmo y música cubanos en un florido patio  interior como los andaluces.
       En cocina, me he reafirmado en la idea  expuesta al principio de nuestras charlas culinarias: la importancia de utilizar productos de temporada para apreciar su sabor natural y calidad, pero, sobre todo, para comer bien.
       Muchos besos